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Un dia de playa

Sería un dia de julio normal como otro cualquiera, si no fuera por los acontecimientos futuros que se avecinaban. Si lo llego a saber…

Es temprano y me dirijo a recojer a Trini para ir a pasar un buen dia de relax en la playa. La recojo y nos ponemos rumbo a la playa, a un buen día, un día tranquilo…

Debo decir que el camino hacia donde nos dirigíamos no me lo conocía muy bien ya que nunca había ido allí en coche siendo yo el que conducía, y ella tampoco estaba muy segura. Vamos hablando de nuestras cosas cuando aparece delante de nosotros en plena autopista una salida, y le pregunto rápidamente:

– ¿Es esta o seguimos hacia delante?
– Mmm… no, sigue hacia delante.

Justo después de seguir hacia delante me doy cuenta de que vamos camino de otra provincia…  Bien, no podemos dar la vuelta porque estamos en medio de una autopista y mucho me temo que para parar tendremos que terminar de recorrerla y dar la vuelta donde sea que lleguemos, por esto, y por la calor de julio a las 12 de la tarde, yo me empiezo a poner nervioso, fastidiado porque pienso que vamos a perder el día… y Trini, que no para de ponerse nerviosa también a parte de lo anterior porque según ella, las fundas de los asientos del coche se le pegan del sudor y se está mosqueando…

Nadie mira a nadie, ni una sola palabra, la tensión se puede cortar con el mango de un cuchillo de mantequilla.

Media hora después vemos lo que nos faltaba por encontrarnos… una aduana, y justo después de la aduana para rematar, un bar donde poder salir de la autopista y dar la vuelta para pasar otra vez por la aduana, volver a pagar por nada y poder llegar a nuestro destino.

Si Mahoma no va a la montaña… será por algo, digo yo.

Empieza bien el día…

Trini, que ve que aun falta para llegar, se acuesta un rato para descansar, yo que no puedo, me jodo (cagoento…).

Por fin!!! ya hemos llegado!!!. No a la playa por supuesto, si no sería todo demasiado fácil, pero hemos llegado a la ciudad de destino y ahora nos disponemos a buscar aparcamiento, cosa conseguida tras dar tres vueltas completas a la ciudad y acabar en un parking.

Muy bien, coche estacionado, ahora tenemos que buscar un sitio donde comer, ya que son las dos de la tarde, y luego, iremos a la playa. Pero cuando estamos cogiendo nuestras cosas Trini me dice:

– Currito, quítate las zapatillas de deporte y ponte ya las chanclas.
– ¿Por qué?
– Porque así no habrá problema con que se te meta arena en los pies e irás más cómodo.
–  ¿Seguro? Mira que yo voy muy cómodo con mis zapatillas y no tengo ningún problema en cambiarme cuando lleguemos a la playa…
– Hazme caso,  verás como llevo razón.
– ¿Está muy lejos la playa?
– Solo un ratito andando.

Es increíble la capacidad que maneja para convencerme de algo, aunque sé que luego me voy a arrepentir, de hecho creo haber sentido un escalofrio seguido de una gota de sudor frío recorrer toda mi espalda desde arriba hacia abajo cuando dijo eso.
Es como cuando ves un cable suelto y piensas, no lo voy a tocar porque me voy a quedar tonto si lo hago de la hostia que me va a meter, además de que estoy viendo como saltan las chispas, bueno pues seguro que llega Trini y me convence para que lo toque. Y así me he quedado me da a mí…

Total, me cambio, me pongo las chanclas de verano y vamos a comer.

El sitio para comer estuvo bien, tardaron un poco en servirnos pero no estuvo del todo mal. Empecé a pensar que a partir de ahí el día iba a mejorar. Iluso… ¬¬

Ponemos rumbo a la playa, y yo, que me impaciento un poco después de diez minutos caminando sin ver una gota de agua, le digo a Trini:

– Oye, no era un ratito andando?
– Sí, ya casi estamos
– Es que me duelen los dedos de los pies por las zapatillas, y dijiste que no estaba lejos, solo tardaríamos un ratito dijiste.
– Anda no te quejes.

Vale, al fin llegamos a la playa, ya podía oler el ambiente playero, la humedad marina… todo esto después de por lo menos veinte minutos caminando y con los dedos de los pies escocidos, pero llegamos!.

Y allí estaba yo, con mis chanclas, mis pies escocidos, mi tono de piel blanco como el primo de Cásper que me caracteriza cual guiri dominguero y con una camiseta de fútbol de la selección inglesa, vamos, me faltaba una cantimplora y unos calcetines blancos hasta las rodillas. Y para dar más credulidad al asunto, me pongo a hacer algunas fotos con mi cámara para inmortalizar aquellos momentos.

Y en cuando encontramos sitio, nos situamos. Yo pongo mi toalla con mucho cuidado, para que no le caiga nada de arena para no ponerme pringoso como suele suceder en estas situaciones. Bien, ya está, ahora me siento y… mierda, puta arena…

En cuando me quito la camiseta y dejo ver mi deslumbrante torso, (deslumbrante porque literalmente casi reflejaba el sol de blanco que estaba) Trini me dice:

– Túmbate, que te voy a untar crema protectora.

Y eso que yo ya dudé cuando la vi con la garrafa de crema de 5Kg y la brocha gorda para untar, e intenté escaparme pero a la joia parecía que la habían entrenado los GEOS. Y al final acabó convenciéndome. Y yo, que soy un machote decidí que no hacia falta untarme más:

– Para, que ya tengo crema suficiente.
– Pero que dices, te vas a quemar joio.
– Que no, que me estas untando demasiada y no necesito tanta.
– Pero si es que estás muy blanco!
– Mira, si aquel de allí no lleva yo tampoco!
– Aquel de allí tiene tres años, y es mulato.
– Eso es discriminación, que lo sepas.

Pero al final me salí con la mía y después de esto me acosté un rato para tomar el sol antes de darme un chapuzón.
Cuando me levanto me doy cuenta de que además de los pies, que me escocían ya antes, ahora me escocían otras partes de mi cuerpo. Efectivamente, por no echarme la crema ahora me había quemado una oreja, la parte de atrás de las piernas y la espalda a cachos, parecía un mapache del atlétic.

Pero bueno, no me iba a poner a quejarme a estas alturas del día por eso después de todo lo que había pasado. Y cuando me doy el tan ansiado chapuzón me vuelvo a mi toalla a tenderme un poco y relajarme.
Cierro los ojos, respiro hondo, oigo todo lo que ocurre a mi alrededor, las gaviotas… niños chapoteando… niños jugando… niños corriendo por mi toalla y llenándome a mí tambien de arena! cagoenlamadrequeosparióhijoputas!!!

Si es que esa tortilla de papas seca de taperwé que las madres llevan de toda la vida en esa típica nevera azul y les dan a los niños con esa edad no puede producir nada bueno, y claro, luego los niños están como están.

A todo esto, Trini no para de reirse y parece que todo me ocurre a mí. Pero yo qué he hecho?!?!

De pronto, escucho a un pobre niño, que lo despiertan de la siesta bajo su sombrillita, tan inofensivo… tan dulce… para ponerle protector solar (una victima como yo) y cuando lo sacan de la sombrilla dice:

– No mamá, al sol no! que me convierto en cristal!
– ¬¬

Quemad a ese niño ya por favor!!! otra víctima de la “vampírica” saga “creps&culo”.

Empiezo a creer que todo esto en realidad no está sucediendo, que estoy dormido y todo es una pesadilla.
Al rato Trini me avisa de que nos tenemos que ir, y volvemos a darnos toooodo ese paseote para volver al parking donde dejamos el coche.

Tras  otra casi media hora de caminata y casi todo el cuerpo escocido a parte de lo que habían sido anteriormente mis pies y que ahora se asemejaban más a dos berenjenas de huerta, llegamos. Y ocurre algo, justo el callejón que había al lado del parking me resultaba familiar… Dejo el coche y voy a echar un vistazo. De repente, se me caen dos lagrimones cual Fary chupando un limón… Trini me observa extrañada por la situación:

– ¿Qué te ocurre Currito?
– Snif… yo confié en ti… decías que conocias todo esto… snif… (y con un dedo le indico una direccion)

Trini mira en esa dirección y ve la playa, y ademas justo la zona donde habíamos pasado la tarde, al lado del parking!!!

O sea,  imaginaos que queréis ir de Málaga a Granada, y en vez de tirar en dirección este para llegar antes, dais la vuelta recorriendo Extremadura, toda Castilla, La Comunidad Valenciana, Murcia y así hasta llegar a Granada por el otro sitio!

Habéis oido eso de que las mujeres y los mapas no se entienen o que son incompatibles? Pues imagináos si ellas os dirigen a un sitio y ni siquiera tienen el mapa para tener la oportunidad de equivocarse. Menos mal, que en este momento yo ya estaba practicamente sedado por la paliza de todo el dia y casi no me dolió este último golpe…

Me voy a poner las zapatillas y noto un dolorcillo… cuando me da por mirarme los pies… En cada uno me había salido una ampolla como un kiko de los gordos.

– Trini, anda tira, que me tienes contento…
– Ups, no tenía ni idea de que la playa estaba al lado del parking, pero y el rato que hemos pasado?
– Me debes una sesión de masajes en los pies en un balneario de los buenos, que lo sepas ¬¬.

Moraleja: Si la suerte te da la espalda… CORRE!!!!

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